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ghosts from the past - Alaska

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ghosts from the past - Alaska

Mensaje por Oliver K. Opper el Sáb Oct 11, 2014 1:14 am

Mystic Falls, un pueblo en el que nunca pensó que iba a terminar ¿por qué? Simples estadísticas. Cuanto más grande es una ciudad, más posibilidades hay que quieran adoptar y más posibilidades de que el adoptado seas tú y un pequeño y adorable recién nacidos con las mejillas sonrojadas. Aunque claro, después de pasar la mayor parte de su vida en el orfanato debía comprender que las estadísticas nunca se cumplían. Siempre le dijeron que al ser tan pequeño seguro que era adoptado por una familia feliz y encontraría aquello que siempre había buscado, algo que por supuesto nunca sucedió. Nunca pensó que algo tan importante como era un hogar para un niño, dejaría de tener importancia solo porque la conoció a ella. Tampoco esperó enamorarse de ella, pero era un crío y ella era todo lo que siempre había buscado, y menos aún esperó que ella sintiera lo mismo por él. Incluso los dos fueron adoptados, podrían seguir con su vida en un hogar y estando juntos; era el sueño hecho realidad. Pero como todo sueño, el chico despertó.

Nunca logró comprender qué sucedió aquel día que llegó y vio el cuerpo del hombre ensangrentado y a la castaña con un cuchillo en la mano. Conocía a Alaska y sabía que algo debía haber sucedido. Pero antes de que pudiera hacer nada para preguntarla ella huyó, él trató de seguirla pero fue imposible. Pensó que sería por el shock del momento, pero los días pasaron y no apareció. ¿Por qué se había marchado? ¿Por qué le había abandonado? Esas eran las únicas preguntas que su cabeza era capaz de hacerse mientras volvía a su dura cama del orfanato. Ella estaba allí afuera y había dejado que él volviera a aquella cárcel, se sintió dolido para luego dejar de sentir. Un año después comprendió que quizás había otros motivos por los que quizás no pudo volver, y lloró su muerte, porque se sentía así, ella había muerto, por lo menos para él.

Todos aquellos recuerdos desaparecieron en cuanto oyó la puerta de la cafetería abriéndose. Movió la cabeza solo para darse cuenta de que había dejado el grifo abierto y el agua había más que rebosado el cubo y ahora todo el suelo estaba cubierto por una fina capa de agua. -Mierda... mierda...- susurró mientras cerraba el grifo y vaciaba en cubo por el fregadero para luego coger la fregona y tratar de arreglar el desastre. -Un momento. Ahora mismo salgo.- Habló con velocidad mientras maldecía porque la fregona secaba demasiado despacio. Dio por resignada la misión, y decidió salir a atender, ya que no quería perder a aquel cliente. -Siento el retraso. Hoy tenemos una gran variedad de crepes recién hechos, y las hizo el servidor, por lo que le prometo que nunca habrá probado uno mejor en su vida.- Había salido con el paño secándose las manos y los ojos en estas, mientras hablaba de forma amigable. Se giró dando la espalda al cliente aún desconocido para coger una pequeña libreta y apuntar el día. -Entonces ¿qué...?- Sus palabras se quedaron atoradas en sus labios al levantar la mirada hacia la chica y comprender que quien tenía ahí delante no era otra persona que Alaska. -¿Al... Alaska?- Preguntó con los ojos como órbitas mientas la analizaba el rostro. Sí, era mayor pero esos rasgos seguían en ella. Dio varios pasos hacia atrás, alejándose de la barra y por tanto de ella, para apoyar su espalda en la encimera trasera. No podía decir nada más, no en aquel momento. Solo mantuvo sus ojos en ella mientras sentía que corazón bombeaba con fuerzas sintiendo que cada latido dolía como el día que supo que ella nunca volvería.
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Re: ghosts from the past - Alaska

Mensaje por Alaska J. Larkin el Sáb Oct 11, 2014 4:20 pm

Dos años eran suficiente, tenían que ser suficientes para poder controlar aquello, o al menos así se sentía; capaz de vivir cerca de otras personas sin suponer una amenaza. No le había costado demasiado quedarse con los horarios de Oliver, no quiso ni pensar en la impresión de acosadora enfermiza que debía de darle el hecho de haber estado velando todo ese tiempo por él. La parte difícil había llegado al elegir el día para presentarse frente a él. Siempre había fantaseado con el momento, con el discurso que daría y las posibles preguntas a las que tendría que hacer frente, pero tanto ensayo solo logró acobardarla más. Aquello era demasiado complicado, había dejado correr mucho tiempo como para poder salir airosa con un simple saludo y una explicación. Y todos esos peros que se ponía de camino al local ya la habían hecho volver unas cuantas veces a la habitación del motel. Pero no iba a dejar que ocurriese lo mismo ese día, habría esperado a que el local echase el cierre para abordarle a la salida, pero el ver la cafetería tan vacía y al chico yendo de un lado a otro la puso automáticamente en marcha.

No podía evitar pensar que aquello era un error, que quizá habría sido mucho mejor para ambos que cada uno tomase su camino. Culpaba a aquel degenerado que decidió adoptarles de prácticamente todo, si no hubieran salido del orfanato solo habrían tenido que pasar tres años más antes de tener la mayoría de edad y poder irse, ¿se habrían mudado juntos lejos de Galax o le tendrían demasiado apego a la ciudad? Esa debería haber sido la mayor preocupación de ambos y no el huir de cargos por asesinato e intentar no asesinar a nadie más en sus transformaciones. ¿Y qué pasaba con Oliver? ¿Qué pensaba de ella ahora? Podía imaginárselo dolido, rencoroso, y en días más optimistas hasta dejaba volar la imaginación con que la recibiera con los brazos abiertos; y egoístamente prefería la última y más hipotética, no quería enzarzarse en largas explicaciones pero esos son los gajes de haber desaparecido del mapa durante tanto tiempo.

No iba a dar media vuelta, la puerta ya se había cerrado y la voz de Oliver había venido de algún sitio pidiéndole paciencia. Tamborileó con los dedos sobre la barra, ansiosa por tenerle tan cerca de nuevo. Esbozó una sonrisa y se agarró los brazos, intentando mantener una buena compostura— No sabía que eras todo un cocinillas —bromeó cuando él se quedó sin palabras, todo lo que hiciera desaparecer el silencio y aquella cara de haber visto un fantasma era bien recibido, amplió la sonrisa, nerviosa y se removió en el sitio— Alaska —repitió asintiendo. ¿Ah, todos esos discursos que se había preparado? Se le olvidaron en el momento en el que él retrocedió. Se mordió el labio inferior y desvió por unos segundos la mirada— Quizá un reencuentro tan directo no ha sido lo mejor, ¿eh? —comentó para ganar tiempo. Explicaciones y disculpas, eso se suponía que era lo principal, las bromas podía ahorrárselas para un futuro. Tenía que ignorar lo que le dolía verle apartarse, bloquear la idea de que esa reacción o una peor era lo que le aguardaba para el momento en el que decidiese contarle su nueva condición— No, no, está claro que no ha sido lo mejor. No tengo disculpa por estos dos años desaparecida, lo sé pero... —le miró y se encogió de hombros— Te he echado de menos... mucho —a pesar de sus palabras no hizo ademán de cruzar la barra, ni le pidió que se acercara, por mucho que necesitase algo de atención no podía aparecer de la nada para avasallarle.
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Re: ghosts from the past - Alaska

Mensaje por Oliver K. Opper el Dom Oct 12, 2014 1:14 am

Había imaginado tener a la chica frente a él en muchas ocasiones, más de las que una persona sana mentalmente debería, pero no podía evitarlo. Desde que ella huyó, los siguientes dos meses se pasaba buscándola nada más despertar en ese asiento del comedor donde siempre se encontraban, pero lo que se encontraba era algo muy diferente. Al igual que su habitación, hubiera preferido que su cama se mantuviera vacía, como si eso fuera una señal de que iba a volver, pero no fue así, y ver otra chica ocupando el lugar de Alaska le dolía cada día. ¿Así sería para él? ¿Encontraría a esa persona que ocupara el vacío que había dejado dentro de él? Quería creerlo. No iba a volver, eso lo tuvo claro cuando casi pasó un año desde que huyó dejándole en aquel salón sin habla y con el cadáver de aquel hombre. Quizás, fue por ese mismo motivo por el que se autoconvenció de que la chica había muerto, que no había podido ir a buscarle porque ya no se encontraba allí. Quizás fuera una respuesta ilusa, pero necesitaba creerlo. Y después de un año, volvió a comenzar a sonreír.

Ahora, ahora la tenía frente a él y apenas podía pestañear por miedo a que se evaporara. Su voz la hacía daño, le hacía daño volver a escuchar ese tono de voz que había pasado tratando de encontrar el año completo. Apenas era capaz de comprender lo que estaba diciéndole, era como si estuviera en estado de shock y solo pudiera mirarla. Oliver supuso que así era como se sentía la gente al ver un fantasma, porque para él, Alaska lo era. -Te he echado de menos... mucho - Esa frase le hizo reaccionar, salir de su sorpresa y permitir que todos aquellos sentimientos se adentraran en él. Una parte de él quería abrazarla ¿cuantas veces había soñado con volver a tenerla en sus brazos?, quería tocarla, ver que era real. Pero otra parte de él le dolía tenerla ahí, saber qué a pesar de todo había podido ir a buscarle pero había decidido no hacerlo. Respiró lentamente, tratando de manejar esa situación que se le había escapado de sus manos en el momento que vio quien estaba tras la barra. Apoyó ambas manos en la encimera trasera, manteniendo aquella distancia, por mucho que deseara acercarse aún no podía, no tenía fuerzas suficientes. -¿Echarme de menos es lo que te da derecho a aparecer después de dos años, Alaska? ¿Sabes? Yo también te eché de menos, cada maldito día durante ese tiempo que te largaste. Pero yo no podía hacer nada, solo sentarme a que quisieras aparecer. Tú, tú si sabias donde estaba yo. En esa maldito lugar. Los dos odiábamos ese sitio, pero no fue motivo suficiente como para volver a por mí. Dijiste que me querías, y yo te creí, pero luego dejaste que me pudriera allí.- Mientras hablaba apretó sus manos en el final de la encimera, tratando de dejar ir toda aquella frustración que sentía en sus venas.

Dejó caer su cabeza con resignación mientras la movía negando, le dolía verla, le dolía sentirla ahí después de todo ese tiempo. Estaba cabreado, claro que lo estaba, ¿eso era lo mejor que tenía que decirle tras dos años de ausencia? ¿Qué le echaba de menos? Y si había sido así ¿por qué no fue a buscarle? Tras casi un minuto en silencio volvió a subir el rostro para volver a mirarla, ¿por qué todo flaqueaba cuando la miraba a aquellos castaños ojos? Se maldijo por ser tan débil. Volvió a coger aire, y esta vez las palabras no sonaron acusadoras, al contrario, sonaron resignadas, como él lo había estado. -¿Pensaste que me asustaría de ti por lo que vi? ¿Que pensaría que eres una asesina? Alaska, te conozco... te conocía y sabía que algo tuvo que suceder, pero nunca me diste la oportunidad. Pensaba que siempre estaríamos el uno por el otro, pero parece que me equivoqué, como me equivoqué en tantas cosas.- Cuando afirmó conocerla, decidió cambiar al pasado, porque ¿quién era ella tras dos años? Después de lo que hizo, la miraba pero no veía a aquella pequeña cría que hacía que todos sus nervios se activaran aunque tuviera sus mismos rasgos. Ahora mismo era una desconocida para él. Aquella situación comenzaba a superarle por lo que con una mano comenzó a tantear sus bolsillos hasta que encontró una pequeña caja de cigarros y sacó uno. No debía fumar dentro de la cafetería, si su jefe le pillaba seguramente terminara despedido, pero ahora mismo lo necesitaba. Jugó con el cigarro entre manos con su mirada fija en él antes de volver a hablar. -¿Sabes una cosa? Después de que pasara un año completo desde que te marchaste me hice creer a mí mismo que habías muerto, que eso explicaba el porqué nunca habías venido a buscarme. Dolió, por supuesto que dolió, pero no fue nada comparado con tenerte aquí delante y saber que te olvidaste de mí.- Sus palabras fueron sinceras, y sus ojos, seguramente, podrían mostrar todo el dolor que supuso su marcha. Sin poder soportarlo más apartó la mirada de ella y buscó un mechero en la barra para encender el cigarro. Cerró los ojos mientras le daba una suave calada y dejaba salir el humo, sí, realmente lo necesitaba.
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Re: ghosts from the past - Alaska

Mensaje por Alaska J. Larkin el Dom Oct 12, 2014 8:41 pm

Ilusa como pocas veces lograba ser, había imaginado que Oliver no se quedaría tan devastado por su desaparición como la reacción del chico le dio a entender. Pero al menos él había estado a salvo de más tipejos como el que les adoptó, sin tener que preocuparse de donde pasar la noche ni de qué comer. Impulsiva y poco racional, quizá debería haber entablado contacto nuevamente de una forma sutil, maldita sea podría hasta haberle mandado cartas al orfanato cuando el asunto se calmó y el caso pasó al cajón de los ignorados. Negó y asintió casi en el mismo movimiento, si se echaba de menos a alguien se retomaba el contacto siempre que eso fuese posible— No solo eso... no, no me da derecho, pero —se calló para no continuar pisando las palabras del chico y le dejó continuar. Yo también te eché de menos. Con eso decidió quedarse, a pesar de que el reproche lograse deslucir aquellas palabras. Se abrazó así misma, encogiéndose un poco, como si de esa forma pudiese lograr que las acusaciones le doliesen menos. Él lo dejaba caer como si Alaska se hubiera encaprichado con largarse a la aventura y dejarle a él tirado; por supuesto, tampoco podía escudarse tras los dolores atroces de cada luna llena, ni con el argumento de que si hubiese vuelto solo habría logrado hacer peligrar su vida.

Lo dices como si yo hubiera decidido ir a descubrir el mundo sin ti. Si hubiera podido no habría dejado ni que volvieses a ese sitio, pero no todo en la vida se consigue con solo desearlo —le reprochó en un tono suave, quería defenderse de lo que decía pero sin avivar todavía más el rencor del chico— Te lo dije porque era verdad. Jamás te mentiría en algo así. No tuve más remedio —se explicó tristemente, añadiendo un suspiro al final. Sintió una presión desconocida en el pecho al ver aquel gesto de confusión y derrota en Oliver. No pudo evitar que los ojos se le empañaran cuando la miró y comenzó a hablar de nuevo, directo al grano, casi se sintió como si estuviera de nuevo en la noche en la que sucedió todo. Pestañeó con rapidez, para contener las lágrimas y rehuyó al par de ojos oscuros que tenía encima. Quiso pasar por alto el detalle de insistir tanto en el pasado para referirse a la relación de ambos, aquello no podía estar tan dañado ni tan perdido— Si. Lo sé, pero por otro lado... Fue un choque, no sé que me pasó, entré en pánico y salir de allí me pareció más urgente. Luego no tuve valor para volver —no quería haber tenido que soportar como la juzgaba con la mirada, a pesar de que la expresión que tenía en esos instantes era peor. Disfrazar el contratiempo de convertirse en licántropo con falta de valor tampoco era algo tan descabellado— ¿Equivocarte? ¿En qué cosas? Yo siempre estaré ahí para ti, pero solo pon la mente en blanco por un minuto e intenta imaginarte siendo descubierto por alguien importante para ti después de haber asesinado a una persona. Me sentía de todo menos buena persona —ni siquiera tras escuchar caer al hombre se había sentido a salvo, y ver al moreno en la puerta no había ayudado. ¿Tanto podía cambiar alguien en dos años? Quizá se debía a que ella había podido verle de vez en cuando, pero Oliver no le parecía tan cambiado.

La tarea de sacar el cigarro del paquete logró llamar su atención y provocar que desviase la mirada hacia él de nuevo, incluso se permitió fruncir ligeramente el ceño no solo por el hecho de que en la entrada colgaba un cartel que prohibía fumar, sino porque ¿cuando había empezado con aquel hábito? Estuvo tentada de invitados a salir, porque lo último que quería era crearle problemas con su jefe. Esta vez fue ella la que abrió los ojos todo lo que humanamente se podían abrir, no cabía en si del asombro que aquello le provocaba, ella no le habría dado nunca por muerto; se habría inventado mil historias para tranquilizarse y alegrarse de que se encontraba sano y salvo en algún lugar. Aplicó más fuerza el labio que mordía, evitando dejar en evidencia el temblor de este y se frotó un brazo. Le había herido y, lejos de ayudar a cicatrizar, su reaparición solo había ayudado a reabrir la herida de ambos— No me olvidé de ti —replicó de inmediato, buscando con desesperación hacer algo de mella en esa convicción errónea. Agradeció que no fuera capaz de sostenedor la mirada por mucho más— Si crees eso es porque no me conoces, ni me conocías tanto como dices —aquello, en cambio, si que fue un reproche cargado de molestia. Le observó dar la calada con atención, como si se tratase de la primera persona que veía hacerlo— Lo siento. Lo he intentado. Sabía que esto no iba a ser un reencuentro alegre, pero me parecía que una explicación era lo mínimo que te merecías. No soy buena con las palabras, no sé que te esperabas de este día, ni siquiera sé si querías que llegase. Pero siempre puedo irme, cada uno sigue con su vida e intentamos olvidar esto. Hasta puedes darme por muerta otra vez si eso te hace sentir mejor. Siento mucho el daño que te hice y haber fallado a mis promesas, pero no fue por puro capricho. Quizá yo también me equivoqué en algunas cosas —sorbió por la nariz en lo que más bien pareció un suspiro, y se descruzó de brazos para pasar a agarrarse las manos con nerviosismo. No iba a obligarle a incluirla de nuevo en su vida, no podía y tampoco debía.
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Alaska J. Larkin

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